Las legumbres tienen una huella de carbono baja. Los nódulos en sus raíces albergan un tipo muy especial de bacteria llamada Rhizobium. Estas bacterias capturan el nitrógeno del aire y lo convierten en una forma de nitrógeno que las plantas pueden utilizar fácilmente, reduciendo la necesidad de fertilizantes nitrogenados, que son uno de los principales contribuyentes a las emisiones de gases de efecto invernadero.
Los cultivos de legumbres pueden crecer fácilmente en entornos más hostiles, donde otros cultivos requieren más recursos para desarrollarse.
Las legumbres pueden ayudar a reducir la demanda global de agua debido a su bajo consumo hídrico. Al reemplazar la mitad de los productos animales con proteínas de origen vegetal, como las legumbres, la huella hídrica de la producción de alimentos podría reducirse hasta en un 30%.
Las legumbres apoyan un sistema agrícola saludable y diverso, dejando atrás nutrientes esenciales como el nitrógeno y microbios beneficiosos para el siguiente cultivo.
La sustentabilidad se refiere al uso consciente y responsable de los recursos naturales, así como el impacto presente y futuro de nuestras actividades en el medio ambiente. Cultivar leguminosas es un enfoque potencialmente más sostenible y nutritivo, según lo muestran algunas investigaciones desarrolladas en Europa (Frontiers in Sustainable Food Systems), las cuales mencionan que agregar legumbres a las rotaciones de cultivos tradicionales, que en Europa generalmente incluye a la cebada, el trigo y la colza, ofrece importantes beneficios ambientales, así como
un mayor valor nutricional para los seres humanos y el ganado, además de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, el uso de fitosanitarios químicos y fertilizantes sintéticos.
Introducir un cultivo de leguminosas en la rotación típica, reduce las necesidades de nitrógeno externo a casi la mitad, manteniendo el mismo potencial de producción de alimentos medidos en términos de nutrición humana.
Todo cultivo necesita del nitrógeno para crecer, por lo que los agricultores proporcionan este elemento a través de fertilizantes. Sin embargo, los fertilizantes convencionales requieren gran cantidad de energía para producirse y derivan de fuentes fósiles, siendo responsables de parte importante de la huella de carbono de la agricultura.
Los cultivos de leguminosas no solo no requieren fertilizantes, sino que también enriquecen el suelo con nitrógeno, lo que reduce la necesidad de fertilizantes nitrogenados para futuros cultivos no leguminosos. Desde una perspectiva nutricional, las legumbres también son uno de los cultivos más ricos en nutrientes, ya que proporcionan proteínas, fibra, ácido fólico, hierro, potasio, magnesio y vitaminas.